Enviado el : 15-Mar-2010 | En : F1, Fernando Alonso, Ferrari
Alonso cumplió su sueño, ganar en su debut con Ferrari.

La emoción le embargaba cuando cruzó la línea de meta haciendo eses, y tras ver la bandera a cuadros y la felicitación de sus mecánicos, alzó los brazos celebrando su 22ª victoria y la primera vestido de rojo, seguido de su compañero de equipo Felipe Massa en lo que fue un doblete irreprochable, el primero del equipo italiano desde 2008 y el número 80 de su historia.
Igual que otros pilotos que han corrido para la Scuderia. Pero, Fernando pasó a ser uno de los únicos cuatro que ganó en la carrera de su debut en Ferrari. Un mérito incuestionable, porque además había salido desde la tercera posición de la parrilla y había superado ya en la segunda curva a su compañero.
Hacía tiempo que Fernando no subía a lo más alto del podio. Su última victoria se había producido en 2008, en el Gran Premio de Japón, cuando todavía corría para Renault. Y a lo largo de su carrera, sólo una vez había conseguido ganar la primera cita del curso: en este mismo circuito en 2006, cuando se adjudicó su segundo título mundial con la escudería francesa. Curiosamente, sus dos victorias anteriores en Bahrein coincidieron con sus dos títulos (2005 y 2006). Y esta vez, las expectativas vuelven a ser muy altas después de el doblete rojo de ayer. También tras comprobar la excelente respuesta del F10 y del rendimiento que Alonso supo sacar de los neumáticos.
“Es un día muy especial para mí”, confesó Alonso. “Había muchas expectativas en juego, tras el duro invierno que hemos pasado, en el que el equipo ha realizado un trabajo extraordinario. Cuando todo parecía a punto, tuvimos que cambiar el motor y eso nos creó una situación de nervios. Salí a la carrera concentrado en salvaguardar los neumáticos y esperaba lanzar mi ataque definitivo a Vettel en las últimas 10 vueltas. Pero Sebastian tuvo problemas y pude pasarle antes. Y logré una victoria importante para encarar bien el campeonato y para sacar las primeras conclusiones”.
La carrera estaba llena de incógnitas. Red Bull y Ferrari partieron desde las primeras líneas sabiendo que eran los coches que mejor ritmo de carrera habían mantenido durante las sesiones de entrenamientos de invierno. Teóricamente, no debían tener problemas. Pero la estrategia de los neumáticos debía marcar las pautas. Y ahí todo el mundo iba totalmente perdido. Al final, se demostró que los superblandos eran capaces de aguantar alrededor de 15 vueltas y que eso permitía ir a una estrategia de una sola parada. También quedó patente que el cambio de neumáticos concedía una ventaja de unos 2 segundos por vuelta, aunque se corriera con los duros, aupada por el menor peso del depósito. El primer acierto de Alonso fue entrar en el taller una vuelta antes que Vettel y Massa, porque aquello le permitió reducir distancias de forma gratuita.
Alonso había superado a Massa en la segunda curva tras una salida fulgurante. Pero Vettel parecía excesivamente lejos. La suerte jugó esta vez a favor del asturiano, puesto que el alemán sufrió una leve rotura en su tubo de escape que le hizo perder potencia y cerró todas sus posibilidades de victoria. “¡Pierdo potencia! ¿Se puede arreglar?”, les chilló a sus mecánicos. La respuesta fue desoladora: “No, el problema es mecánico. ¡Aguanta!”. Y lo hizo, pero no pudo impedir que Alonso y Massa le pasaran como un rayo en la entrada y la salida de la recta principal.
Alonso sacó toda su agresividad. Cuando cogió el liderato comenzó a marcar vueltas rápidas y a poner distancia entre él y Massa. Alonso ganó la carrera con una solvencia increible. Massa, que regresaba después de su accidente en Hungría el año pasado, se conformó con el segundo puesto.
La decepción fue Red Bull. No Vettel. Porque fue una avería del coche -tan competitivo como Ferrari- lo que condenó al alemán hasta la cuarta posición, justo por delante de los dos Mercedes. Jaume Alguersuari, por su parte, acabó 13º por delante de Buemi, su principal objetivo. Mucho menor, sin duda, que el de Fernando Alonso.